La vida está llena de estrés

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¡Mucho estrés! Enojadas, apuradas, angustiadas. Las mujeres encaminadas en la todología, trabajamos, somos amas de casa, madres, esposas, hijas y amigas…

Mientras el mundo sigue girando con 24 horas, nosotras tratamos de extenderlas, buscar un hueco en la agenda que nos permita hacer todo. Y con tanto estrés encima, el cuerpo, alma y nuestras emociones se resienten.

Es que vivimos con nuestro sistema de estrés alterado, en constante alerta, para un lado para el otro; agotadas. Pero cabe la pregunta: ¿Vale la pena?

Si buscamos fuera de nosotras, infinidades de factores se presentan como estresores, el tráfico, el exceso de trabajo, la contaminación auditiva del teléfono que suena y suena, el tiempo que parece cada vez más escaso, las escuelas de los niños, los problemas de la casa… ¡Auxilio!

Sin embargo, ¿para qué nos estresamos?

Físicamente nos estresamos para protegernos; nuestro maravilloso cuerpo/organismo sale a la defensa de sí mismo accionando nuestro sistema del estrés. Este sistema inscripto en nosotros en la época prehistórica libera un cóctel de hormonas en el torrente sanguíneo para prepararse para dos respuestas posibles: Huir o Pelear.

Esas respuestas eran obvias en la época en que salíamos a cazar “mamut” pero activábamos el sistema de vez en tanto, permitiendo a nuestro cuerpo liberarse de toxinas.

Hoy en día, lo activamos a cada rato, una mirada del jefe, una respuesta del esposo, una fila en la caja del supermercado, y la intoxicación es bienvenida. ¿Qué nos sucede entonces? ¿Hay más estresores o situaciones estresantes en el 2014 o son nuestros ojos que así lo interpretan?

Toda vez que nos estresamos, sistemas importantes se inhiben para preparar al organismo a la adaptación deseada; el sistema circulatorio, el digestivo y el sexual se apagan, lo que nos da sobraba experiencia que en situaciones estresantes perdemos el “apetito en todos los sentidos incluyendo el sexual”; los vasos sanguíneos se contraen, al igual que los poros capilares con la finalidad de evitar la hemorragia de una eventual herida; ¿Tanto trabajo por el tráfico? ¿No es demasiada logística por un mal entendido?

Por sentirnos tan expuestas, temerosas del qué dirán, o del rechazo, de la aprobación pública, vivimos como si a cada paso un gigante mamut estaría por atacarnos. Pero no es lo que ocurre fuera lo que genera nuestro estrés, sino lo que ocurre dentro de cada uno de nosotros. Son las interpretaciones que hacemos acerca de las situaciones que vivimos las que nos hacen sentir en desventaja.

No se trata de que hagas sonidos con los dedos y cambies de programación, pero si te invito a que reflexiones.

¿Vale la pena que tu organismo se intoxique? Y frente a cada nuevo episodio, seas tú quién elija, que te detengas y pienses ¿Vale la pena que por esto castigue a mi cuerpo?

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