Tú puedes vencer esa voz del desaliento y la desesperanza

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Tienes el poder de discernir entre las mentiras de la desesperanza y los principios verdaderos de Dios.

Aunque el riesgo le parecía excesivo, no tuvo dudas. Miró por encima de sus hombros y lanzó el primer comentario. El resto de los ángeles se sintieron incómodos, alguno que otro esbozó una sonrisa pero rápidamente siguió con la tarea delegada. Al principio fueron una serie de ideas rebeldes, luego comenzaron a ser más seductoras.

Era alto y apuesto, con una voz única en el coro celestial: nadie hacía vibrar el firmamento como él, hasta que esa idea comenzó a socavarle la cabeza. Su mayor responsabilidad era ser el líder de alabanza, cualquier otro en su lugar se hubiera sentido halagado y contentado con tal privilegio, pero él tenía sed de más.

Había empezado a caminar a paso presuroso; ese malestar en el estómago lo tenía postrado, pero él no quería darse vuelta atrás ahora que un tercio de los hijos del Padre estaban con él. Eran los nervios, la rabia mezclada con el sabor de la victoria, pensó mientras se dirigía con paso resuelto hacia el trono. Contra su túnica apretaba 9 mm de odio, con un silenciador capaz de tirar ráfagas de ira en décimas de segundo. Fue todo tan rápido: acaso el Padre no quiso mirarlo a los ojos, muy probablemente le dirigió una mirada compasiva, mientras un hilo de sangre corría de su corazón que le amaba, o quizás era el dolor deslizándose piel abajo.

Lo único que conserva aún de esa mañana son restos de recuerdos embriagados de cólera contenida. La expulsión le recorrió la columna y, desde entonces, su garganta no emitió nunca más alguna alabanza al Rey; decidió ganar la batalla en la tierra sembrando desesperanza a su paso.

Así es como me imagino los sentimientos del diablo cuando se rebeló en los cielos. Ese mismo sentimiento de cólera, rabia e ira, invade muchas veces nuestras vidas, cuando dejamos que la desesperanza crezca como una enredadera en nuestro estado de ánimo. Debes reparar en cómo este sentimiento anida en nuestro corazón, para que así puedas evitarlo:

1. Susurra desaliento

¿Recuerdas? Alguna vez el sentimiento de derrota estuvo a tu lado, cuando tu fiebre era muy alta y esa infección decidía acomodarse en sus pulmones; entonces, te susurró (es el máximo placer del enemigo de la fe: susurrar desalientos) que no insistieras, que no lucharas, que toda estaba perdido. Quizás te susurró: “No vas a poder hacer nada por tu hijo rebelde, que se niega a estudiar”, o sientes el desaliento cuando los recibos de la luz, el agua y el gas llegan al mismo tiempo y el dinero no alcanza.

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2. Desmorona las posibilidades de cambio

Cada tanto, la voz de la desesperanza recorre los pasillos del ala de psiquiatría y se mezcla con las voces de la esquizofrenia; galopa en las alucinaciones de los adictos. Dice: “Así son las cosas, acostúmbrate, no hay nada que puedas hacer para remediarlo”. Quien porta esa voz, todavía ama desmoronar a las familias y desmantelar las ilusiones.

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3. Te incita a buscar soluciones erróneas

Puedes sentir su aliento tibio sobre tu nuca, cuando tus ojos miran lo que no deben y tus manos tocan aquello que te está prohibido (como en la infidelidad, las adicciones). Él es el amo de las salidas falsas.

4. Adora mentir y engañar

Su modus operandi, tú sabes bien, es ese sentimiento que te impide aferrarte a la fe. La desesperanza adora mentir, le encantan las medias verdades y se esfuerza por robarte el gozo. Cuando estás a punto de cometer ese acto que te aleja de la paz espiritual y destroza el amor de tus hijos, entonces sabes que puedes sentir sus labios mojados, saboreando el placer de quitártelo todo.

5. Te convence de que nunca tendrás paz, ni perdón

Uno de sus colosales encantos es convencerte que no tienes oportunidad alguna de ser perdonada por ese error que has cometido; entonces, comienza con todo un arsenal de Escrituras (no creas que no las conoces al dedillo), para que la culpa se te incruste en la posibilidad de arrepentirte y remediar las cosas.

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Finalmente, él todavía cree que puede saborear la victoria, venciéndote a través de la desesperanza. Por eso, a él no le gustan los espacios para fortalecer tu fe, como asistir a la iglesia, orar, leer la Biblia, alabar a Dios. Sin embargo, todavía estás a tiempo para vencerle: solo debes hacer todo lo contrario a lo que te dicta esa voz que susurra. Sé que puedes lograrlo, pues ya conoces cómo trabaja. No lo dudes, ¡tú puedes vencer!

Escrito Por: Marta Martínez Aguirre

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