No nos engañemos a nosotros mismos. Santiago 1:22-23

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Sean hacedores de la palabra y no solamente oidores que se engañan a sí mismos. Porque si alguien es oidor de la palabra, y no hacedor, es semejante a un hombre que mira su rostro natural en un espejo” Santiago 1:22-23.

Cuando oímos una predicación de poder nos gozamos tanto y gritamos “Amen”

Escuchamos predicas que nos dan ánimos, que nos consuelan y nos edifican y esas predicas nos encantan escucharlas porque sabemos que Dios nos está hablando.
 
Cuando las predicas son de exhortación nos gozamos también y muchos no se gozan
porque Dios les esté exhortando sino porque el predicador está diciendo lo que nuestros oídos quieren oír para los demás.
 
Si la exhortación fuera para nosotros no nos gozaríamos tanto puesto que la palabra es viva y eficaz pero también es más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón según lo dice Hebreos 4:12.
 
La palabra de Dios es alimento, alimentémonos nosotros mismos antes de alimentar a otros, pues Dios se encargara de los demás. No nos preocupemos tanto por lo que otros hacen, que al final, Dios tiene recompensa para todos según nuestras obras. (Lea Romanos 2:6).
 
Nadie se siente cómodo cuando una espada de dos filos te penetra como espada de doble filo. Al contrario, DUELE, INCOMODA y hace que nos retorzamos en nuestro asiento.
Otros agachan el rostro para no hacer contacto visual con el predicador porque nuestros ojos son la lámpara de nuestro cuerpo. (Lea Mateo 6:22)
 
Es tiempo de ser responsables y tomar lo que nos corresponde. Demos gracias a Dios por la corrección, por su palabra, por esos predicadores que no temen decir la verdad dirigida por El Espíritu Santo.
 
Oremos: Padre, gracias por tu palabra. Gracias por consolarnos cuando estamos tristes, por edificarnos cuando lo necesitamos y por exhortarnos cuando necesitamos hacer un cambio en nuestra vida. Ayúdanos Espíritu Santo a poner en obra la palabra, no solo oírla, gozarme en la iglesia y salir igual de la iglesia, más bien ayúdanos a retenerla y practicarla.
 
Gracias Señor porque nos hablas a tiempo y fuera de tiempo para nuestro propio bien.
 
Bendiciones a todos, sigamos adelante viviendo un día a la vez.
 
Por: Emanuela Peccorini
“Kanelitamiel”

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