“Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites”. Santiago 4:3 “

1897705_7512953582.jpg¿Porque será que Dios no responde a nuestras suplicas? Sera que no nos escucha? Sera que no nos ama? Sera que está muy ocupado? Algunas veces nos hemos hecho estas preguntas en silencio. Pero hoy déjame decirte que Dios si te escucha, Dios si te ama, Dios siempre está atento a nuestras suplicas y es verdad que no siempre la contesta conforme le pedimos. Muchas veces la única respuesta que obtenemos es “NO” pero…. “TE AMO”
 
¿Qué hacemos frente a los “NO” del Señor? ¿Nos frustramos? ¿Nos entristecemos y pensamos esto no funciona?, ¿Pensamos en dejar todo? Si aprendemos aceptar los no del Señor, quitándoles el aspecto negativo que generalmente le damos, realmente podremos comprender que Él nos sorprende incluso más abundantemente de lo que nosotros esperamos.
 
Un no a tiempo, puede evitar muchas malas decisiones, ahorrarnos años de angustias, si Dios cierra un camino, puedes estar seguro que abrirá uno mejor aún donde no hay nada. Confía en Él y pronto habrá un sí mucho más grande para tu vida.
 
Es tan importante pedirle a Dios que se haga conforme a su perfecta voluntad, y confiemos y descansemos en El. Sea cual sea su respuesta debemos recordar que Él nos ama y quiere lo mejor para ti y para mí. Cualquiera que sea la respuesta, seamos humildes en aceptarla. Él sabe porque hace las cosas…
 
“Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites”. Santiago 4:3 “

Todo llega a su tiempo, en su momento…

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Todo llega a su tiempo, en su momento…

Ni antes, ni después… en el momento adecuado…  porque Dios sabe cuándo es el mejor momento para nosotros….

Aunque mi padre y mi madre me dejaran, Con todo, Jehová me recogerá

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Salmos 73:25-26

¿A quién tengo en el cielo sino a ti? Si estoy contigo, ya nada quiero en la tierra. Podrán desfallecer mi cuerpo y mi espíritu, pero Dios fortalece mi corazón; él es mi herencia eterna. Salmos 73:25-26 | NVI

Sin Dios nada somos

Es bueno creer…

Que con ternura, un cuerpo y un corazón sin vida; pueden volver a latir.

Que “la casualidad” nos une a seres que acrecientan nuestra esperanza.

Que no debemos poner limitaciones a los sueños por realizar.

Que nos han enseñado a dar y no sabemos recibir con generosidad.

Que la paciencia es la que mantiene la esperanza.

Que nunca es tarde para arrepentirse y pedir perdón.

Que al sentir una mirada, un corazón enamorado puede embriagarse.

Que sí, se puede aprender a confiar nuevamente.

Que yo no puedo enseñarte lo que no tengo; pero sí podemos intercambiar lo que sabemos.

Que hay que decir lo que se sienta, hacer lo que se piensa, y dar lo que se tenga.

Que cuando un amigo se va, es que ha realizado la función por la que estaba en nuestra vida.

Que la desconfianza nos hace no salir a la ventana para ver quién llama.

Que es de sabios saber cuando hablar y cuando callar.

Que las palabras jamás se podrán recoger una vez que han salido de nuestra boca.

Que hay que pensar muy bien antes de hablar, calmarse cuando se esté airado, resentido y hablar sólo cuando se esté en completa paz.

Que hay un lugar en el corazón donde habita la esperanza y es en ese lugar de nuestro corazón donde encontramos el calor necesario para sufragar las noches solitarias de recuerdos y desengaños.

Que aún hay esperanza.

Que si hacemos y vivimos de acuerdo a nuestro corazón, si damos lo mejor de nosotros cada instante de nuestra vida; si amamos desinteresadamente; si hacemos a los demás lo que nos gusta o deseamos que nos hagan a nosotros; este mundo en el que vivimos puede cambiar.

Que la vida es hermosa; y nos llena de oportunidades para sentirnos felices de estar vivos.

Que nunca es tarde para comenzar de nuevo, para hacer caminos, para lograr que todos vivamos dignamente y en paz.

Que sin Dios nada somos, nada seremos y nada lograremos; debemos dejar que El tome el control de nuestras vidas y asi poder alcanzar las bendiciones y el proposito que El tiene para con nosotros.

“porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas” (2 Corintios 10:4)

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Cuando un soldado se prepara para la guerra es sometido bajo un riguroso entrenamiento para enfrentarse con éxito, no solo al enemigo sino también a las adversidades y rigores propios de la naturaleza. Parte de esta intensa preparación consiste en aprender a usar sus armas para darle un uso adecuado y efectivo durante el fragor de la batalla. Disponer de armas y no saber usarlas debidamente lo pondría en el mismo lugar de indefensión del que no las posee.

En el campo espiritual, tenemos que ser conscientes que formamos parte de una guerra que no nos permite la posibilidad de quedarnos en una posición neutral, ya estamos en ella y por lo tanto nuestra tarea es decidirnos a tomar las armas. La Biblia nos dice que tenemos un enemigo que no descansa y que como león rugiente anda buscando a quien devorar, (1 Pedro 5:8). Por lo tanto no podemos tener una actitud pasiva, sino que es necesario decidirnos a tomar las armas que el Señor nos dio.

El apóstol Pablo claramente nos describe cual es el equipo del que disponemos para la batalla y nos anima a vestirnos con la armadura de Dios de manera que podamos salir victoriosos. “Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno.Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos;” (Efesios 6:13-18).

Hay situaciones en la vida donde sentimos claramente el ataque del enemigo, las circunstancias parecen acorralarnos, nos sentimos en medio de una batalla y hasta sin fuerzas para continuar, lo cual pudiera hacernos pensar que no tiene sentido seguir luchando. Si esta es tu situación, te animo a que sigas los consejos del apóstol Pablo y que comiences a vestirte de la armadura de Dios, levanta la espada del Espíritu que es la Palabra de Dios, activa tu fe reconociendo que Dios está al control de todo proceso y ora en todo tiempo con perseverancia. Dios quiere darte la victoria, reconoce que mayor es el que está en ti que el que está en el mundo. (1 Juan 4:4).

Pasamos momentos en nuestra vida donde sentimos que ya no podemos escalar….

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Pasamos momentos en nuestra vida donde sentimos que ya no podemos escalar un peldaño más, que simplemente ya no podemos más, es entonces dónde podemos pedirle a Dios que su poder actué en nosotros y que su gloria se perfeccione en nuestras vidas.

“Cada vez Él me dijo: «Mi gracia es todo lo que necesitas; mi poder actúa mejor en la debilidad»…” 2 Corintios 12:9