“Oh pueblo mío, confía en Dios en todo momento; dile lo que hay en tu corazón, porque él es nuestro refugio” Salmos 62:8 (NTV)

16998880_269170263518810_8003860881944206838_n.jpgAna fue una mujer que nos enseñó una valiosa lección sobre la oración, tal fue su actitud al orar que el sacerdote la confundió con una mujer ebria, pero después de esa oración sincera, Dios hizo el milagro en su vida y pudo concebir un hijo llamado Samuel.

Esta mujer vivía en tristeza porque no podía tener hijos y de seguro que pasaba mucho tiempo orando y pidiendo a Dios que le dé la posibilidad de quedar embarazada, ¿Qué fue lo que hizo para que su oración fuera escuchada? ¿Qué hizo de diferente esta vez a las demás ocasiones en que buscaba el favor de Dios?

“Oh no, señor! —respondió ella—. No he bebido vino ni nada más fuerte. Pero como estoy muy desanimada, derramaba ante el Señor lo que hay en mi corazón”
1 Samuel 1:15 (NTV)

¡ANA DERRAMÓ SU CORAZÓN ANTE DIOS!

Ana habló con su corazón, no guardó nada y dijo lo que realmente en ese momento sentía y pensaba, fue sincera y le mostró a Dios lo que había en lo más profundo de su mente y corazón y fue en ese momento que Él hizo el milagro y aunque ella no sabía, su actitud cambió, “(…) Así que se fue, comenzó a comer de nuevo y ya no estuvo triste” 1 Samuel 1:18 (NVT)

Quizás por mucho tiempo estás orando por algo o alguien y no has tenido respuesta, piensas que Dios ya no oye tus oraciones porque nada ha cambiado o todo parece empeorar.

Debes preguntarte ¿Estás siendo totalmente sincero con Dios? ¿Estás dispuesto a aceptar su respuesta? Es en esta área donde fallamos, pues muchas veces oramos sin decirle la verdad a Dios sobre nuestras intenciones acerca de lo que queremos, y peor aún no estamos dispuestos a aceptar su respuesta porque queremos que dé el sí a nuestra petición aunque no sea buena y vaya en contra de su voluntad.

¿Quieres que tus oraciones tengan una respuesta? Entonces sé sincero con Dios y deja que Él tenga la última palabra.

“Oh pueblo mío, confía en Dios en todo momento; dile lo que hay en tu corazón, porque él es nuestro refugio” Salmos 62:8 (NTV)

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