Medita en tu siembra…

En todos los aspectos de la vida: Así como sembramos, cosechamos.

2 Corintios 9:6 “Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará.”

Cada uno recoge lo que siembra. Si siembras trabajo, recogerás éxitos. Si siembras amor, recogerás felicidad. Si siembras vientos, recogerás tempestades. En definitiva, que si quieres que algo ocurra, predisponlo todo para que suceda.

La ley de la cosecha es cosechar más de lo que se siembra. Siembra un acto y cosecharás un hábito. Siembra un hábito y cosecharás un carácter. Siembra un carácter y cosecharás un destino.

James Allen

◦•●◉✿[ 𝗕𝗲𝗻𝗱𝗶𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 ]✿◉●•◦

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Sonrie

Hay ocasiones en la vida en que las cosas no salen como uno espera y son momentos de tristeza y decepción, pero no hay un remedio más potente contra estos sentimientos que la acción de reír. Todo se ve de otro color acompañado de una sonrisa. Y es que a veces una sonrisa cuenta incluso más que las palabras y tiene un efecto sanador.

𝗔𝗱𝗲𝗺𝗮𝘀, 𝘆 𝗹𝗼 𝗺𝗮𝘀 𝗶𝗺𝗽𝗼𝗿𝘁𝗮𝗻𝘁𝗲 𝗲𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗲𝗹 𝗴𝗼𝘇𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗗𝗶𝗼𝘀 𝗱𝗲𝗽𝗼𝘀𝗶𝘁𝗮 𝗲𝗻 𝗻𝘂𝗲𝘀𝘁𝗿𝗮𝘀 𝘃𝗶𝗱𝗮𝘀 𝘀𝗲 𝗰𝗼𝗻𝘃𝗶𝗲𝗿𝘁𝗲 𝗲𝗻 𝗻𝘂𝗲𝘀𝘁𝗿𝗮 𝗳𝗼𝗿𝘁𝗮𝗹𝗲𝘇𝗮.

Que nadie borre tu sonrisa el dia de hoy!

Proverbios 31:25 “𝗙𝘂𝗲𝗿𝘇𝗮 y 𝗵𝗼𝗻𝗼𝗿 son su 𝘃𝗲𝘀𝘁𝗶𝗱𝘂𝗿𝗮; Y se 𝗿𝗶𝗲 de lo por venir.

Salmos 126:2 “Entonces nuestra boca se llenará de 𝗿𝗶𝘀𝗮,

Y nuestra lengua de 𝗮𝗹𝗮𝗯𝗮𝗻𝘇𝗮;

Entonces dirán entre las naciones:

𝗚𝗥𝗔𝗡𝗗𝗘𝗦 cosas ha hecho 𝗝𝗘𝗛𝗢𝗩𝗔 con éstos.

˙·٠•●♥[ 𝗔𝗹𝗮𝗯𝗮𝗹𝗲 𝗾𝘂𝗲 𝗘𝗹 𝗩𝗶𝘃𝗲, 𝘆 𝗽𝗼𝗿𝗾𝘂𝗲 𝗘𝗹 𝘃𝗶𝘃𝗲 𝗻𝗼𝘀𝗼𝘁𝗿𝗼𝘀 𝘃𝗶𝘃𝗶𝗺𝗼𝘀 ]♥●•٠·˙

Disfrutando la misericordia de Dios en este día

Salmos 25:10 “Todas las sendas de Jehová son misericordia y verdad, Para los que guardan su pacto y sus testimonios.”

Los israelitas estuvieron perdidos en el desierto porque no creyeron que sus problemas eran provocados por ellos mismos. Culparon a Moisés, a Dios, a todos los demás por sus propias tristezas.

Se rehusaron a asumir la responsabilidad por sus pecados y su poca disposición para arrepentirse los frenó para entrar en la tierra prometida.

Cuando hable con Dios, asegúrese de pedir perdón. “ si confesamos Nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. 1 Juan 1:9

Arrepiéntase en la mañana para disfrutar de la misericordia, el perdón y el amor de Dios todo el día.

Oremos por una llenura del Espíritu Santo

“Cuando acabaron de orar, el lugar donde estaban reunidos tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y anunciaban abiertamente el mensaje de Dios.” Hechos 4:31 (DHH)

La Biblia dice que cuando aceptamos a Jesús como nuestro Señor, somos sellados con el Espíritu Santo. Por lo tanto, todo creyente tiene este maravilloso sello en su vida. Ahora es importante, que anhelemos y busquemos la llenura del Espíritu Santo.

Cuando los apóstoles fueron llenos, comenzaron a predicar la Palabra con un denuedo y una valentía que ellos no tenían. Comenzaron a dejar sus propias limitaciones carnales para fluir en lo sobrenatural.

Que maravilloso es pensar que esa promesa también es para nosotros, pero debemos anhelarlo.

Ora en este mismo momento, clamando a Dios para que seas lleno del Espíritu Santo.

Sin Limites

Una Mujer de 55 años visitaba a su hijo de 23 en la cárcel. Él estaba ahí por homicidio culposo ya que había atropellado a un niño al entrar a alta velocidad en una calle en sentido contrario tratando de escapar de una patrulla policial que lo perseguía por haberse pasado un semáforo en rojo. Entro al penal mal herido y en silla de ruedas ya que, el padre de la víctima, lo golpeo de tal manera fue a golpes, que por poco lo mata.

El hijo le dijo a su madre: – Mamá, sabes muy bien, que no soy un asesino ni jamás hubiera pensado que algún día podría haberlo cometido un hecho, como el que hoy me obliga a perder la libertad. Tengo más dolor en mi corazón que en mi cuerpo a pesar de la paliza que me han dado. Me duele el alma en pensar que desde niño, aprendí y me acostumbré a romper reglas y a no cumplirlas jamás, sin que tú me pusieras ningún límite.

– Mi querido hijo, es que cuando niño eras tan rebelde que jamás escuchabas mis consejos, nunca hacías caso, cada vez que te daba una orden, te ponías furioso, me desafiabas y hacías todo lo contrario, te burlabas de mí. Desde que empezaste a tener uso de razón, con tus berrinches lograste que tanto papa como yo, decidiéramos dejar de regañarte. Acuérdate cuando te decía que comieras las comidas que te preparaba para que crecieras sano y fuerte, a lo que me decías: Yo no quiero ser sano ni fuerte, no me importa, ¡déjame en paz! Ordena tu cuarto: No voy a recoger nada, así estoy contento, ¡si quieres recógelo tú! No destruyas tus juguetes, cuídalos: No me importa yo quiero jugar así, y si no me compras cosas nuevas gritaré y lloraré hasta que me las compres. Recuerdo el día que dije en esta casa se hace lo que yo digo: No mamá, no lo haré ¡Ya no te quiero más y si me hablas así, me voy a ir de casa!

Y así siguió una lista interminable de idas y venidas a lo largo de la vida de este hijo rebelde y padres pacientes.

¡Basta ya mama! solo dime una sola cosa, ¿cómo pudo ser que siendo mis padres, personas adultas, hayan obedecidos y dominados por un niño, de corta edad?

Hoy a mis 23 años estoy destruido, desdichado y sin futuro, de nada sirvió que estudiara o que no hayamos tenido problemas económicos. Le quité la vida a un niño y a sus padres les arruiné por el resto de sus vidas. Si tan solo, me hubieran demostrado una verdadera autoridad, en este momento no estaría en este miserable lugar, porque un niño por mas rebelde que sea, de ninguna manera puede hacer lo que se le plazca.

Si tu hijo estuviera a punto de caer en un precipicio y lo estuvieras sosteniendo de la mano, lo sujetarías con todas tus fuerzas por una sola razón, salvarle la vida.

Lo mismo debería suceder en cada hogar, la disciplina y las reglas, las deben establecer los padres y no los hijos. Un NO, de una madre o padre, no significa ser represivo, destructivo… por el contrario esto significa amor incondicional.

La autoridad, bien empleada por parte de los padres, puede salvar a un hijo de no caer en el precipicio de la vida, ya que en la mayoría de los casos tal vez no haya nadie a su alrededor que le sostenga la mano.

«Si te sientes impotente como la madre de la historia, pídele ayuda a Dios, Él te dará las fuerzas, la sabiduría y las palabras adecuadas, para guiar a tu hijo, para que no termine, en la cárcel, en el hospital o peor aún en el cementerio»