Tiempo…

Tiempo...

TIEMPO…
Una de las cosas que no se pueden comprar, ni con todo el oro, ni dinero ni otro medio, aunque sea la persona más rica, la más sabia, o la más poderosa… es el tiempo.
Tiempo para vivir un segundo o cien años más, o tiempo para asegurarnos no irnos antes de lo que nuestras efímeras vidas planifican.

Si este tipo de tiempo nos es tan valioso, hay otro tiempo que es aún más valioso:
• el tiempo que nos dan o que damos,
• el tiempo que empleamos para hablar y escuchar,
• el tiempo usado para llorar y consolar,
• el tiempo para rogar y aconsejar,
• el tiempo para pedir y dar, dar y recibir,
• el tiempo para reír y compartir,
y quizá, con más precisas palabras,
• el tiempo para enriquecer almas… la propia o las ajenas.

Este tiempo, que igual no se vende ni se compra, tiene una virtud única:

es el único tiempo que tenemos, que es nuestra posesión…
al darlo o recibirlo.

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